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lunes, 14 de febrero de 2011

Minas de Potosí

Natalia Millán
De Potosí me llevo las rodillas llenas de moretones.
gatear en la Mina La Candelaria deja sus huellas.
Me queda haciendo ruido  lo que debe ser trabajar ahí doce horas diarias.
los mineros en su mayoría trabajan en cooperativas, de modo que si encuentran una veta de mineal se hacen ricos, lástima que rara vez suceda.
Lo lamentable es saber que las condiciones de trabajo son las mismas que la de los indios y esclavos durante la colonia, y que tarde o temprano los pulmones de los mineros colapsan y mueren alrededor de los 45 años de edad.
En las minas hay una figura conocida como "el Tío", que parece un diablo y tiene un pene grande.
Cuentan los mineros que en realidad los españoles habían puesto una figura en las minas para atemorizar a los indígenas, a la que llamaban "dios", pero como el quechua no tiene en su alfabeto la letra "d" les salía pronunciarlo  con "t".
Según dicen, si un minero se queda un día a dormir dentro de la mina lo agarrá el tío y lo viola...
Esas condiciones de trabajo, expectativas de vida y esperanzas de cambio, más bien la falta de ellas, me han dejado atónita y pensando...
Los cascos  que te dan para entrar a la mina dicen "33 chilenos" y del otro lado "22 mil bolivianos",  como modo de queja, ya que los 22 mineros que trabajan en Bolivia están aún en peores condiciones que los de Chile, sólo que sin cámaras y Disney nadie sabe qué pasa con ellos.

La humanidad quebrantada


Natalia Millán
El crujir de la tierra lo silenció todo, cayó el mundo a los pies de la mina de San José.
La luz fue sólo un recuerdo en sus ojos, que no volvieron a ver.
Las manos ásperas comenzaron a sudarle y en la garganta se formó un nudo.
Entonces corrió, las piedras rodaban acompañando su paso,
mostrando su enojo por los minerales extraídos.
Las lágrimas quedarían para después, para cuando llegara la quietud.
Sólo pudo pensar en su hija, y la idea de no volver a verla hizo que apurara aun más el paso.
El desierto cálido afuera, adentro, el alma en un hilo a punto de cortarse.
Entonces fue que escuchó voces lejanas.
Se detuvo la humanidad frente al horror, y los vimos todos por TV.
Expectantes, los televidentes lloran desde el otro lado de la pantalla.
Se mezcla la alegría, la tristeza y la bronca.
Desde anoche la tierra escupe hombres, hombres que son barro y mineral,
hombres que desde Atacama dan cuenta del lo miserable que el ser humano se ha vuelto.
No alcanza el aire para volver a respirar, no alcanza la vida para olvidar.
Mendoza llora la salida de los treinta y tres mineros con una lluvia torrencial,
el cielo está gritando con furia.
Los mineros agradecen estar vivos.
Sin embargo la herida sigue sangrando,
la tierra partida en dos no puede olvidar el daño que le han hecho.