Ingredientes
1 cebolla cortada en escamas
1 limón.
sal a gusto
1cucharadita de aceite de oliva
pan casero
Preparación
La preparación se constituye en base a dos aspectos, ambos igual de importancia.
Por un lado la conjugación de los ingredientes resulta vital para que este sabroso manjar se convierta en la entrada o tentempié de cualquier plato principal, por lo sutil y frágil de sus sabores.
En segundo lugar es fundamental la ambientación al prepararlo.
Usted dirá que esto no es requisito excluyente, se equivoca.
Lo primero es poner la música indicada.
Haga un análisis de su estado de animo y elija aquella música que mejor represente dichas emociones,
o aquella otra que despierte los sentimientos que quiere evocar.
Luego llene su copa con una bebida espirituosa
-recomiendo vino, pero eso se debe a mi afinidad con su capacidad de despertar a los duendes.-
Realizado este rito no apure los horarios, este es el secreto de las cebollitas con animosidad.
Ha llegado el momento de buscar un cacharrito de barro cocido,
una tabla de madera mediana, y un cuchillo con filo.
Ahora dispóngase a llorar.
Pero no se confunda, no se trata de que la tristeza lo lleve a derramar lágrimas,
sino porque el arte de picar la cebolla es así.
Corte la cebolla en escamas, sienta el aroma que le destapa la nariz,
las yemas de los dedos que se van impregnando con los jugos viscosos,
que demorarán el resto del día en abandonar la mano si no sabe cómo quitárselo adecuadamente.
Terminado este proceso ponga la cebolla en el cacharro,
rocíe con limón al tiempo que sala la preparación.
Limpie sus lágrimas para que no afecten el sabor del menú al caer indebidamente sobre la cebolla picada.
Las finas escamas cambiaran de consistencia con los aliños.
Entonces tararee el tema que suena, y sorba un trago de vino.
Piense que cada vez que prepare esta receta recordará ese día apacible,
esa música, y querrá tener ese ánimo maravilloso.
Cual si las cebollas peruanas tuvieran la animosidad de traer siempre la felicidad a usted.
Luego coloque el aceite. Si no tiene oliva de por terminada la preparación
-es preferible que falte dicho ingrediente a arruinar la entrada con un aceite malo.-
Corte el pan casero en trocitos no muy grandes, un cuarto de rodaja recomiendo.
Presente la entrada silbando a sus invitados, promueva un brindis.
Y guarde la imagen de su alegría en la retina.
Entonces, cuando esté triste, cuando el pecho le oprima la caja,
cuando sienta que anda sin rumbo, busque la receta, siga los pasos.
Y no olvide que el secreto está en que piense en aquella vez que la "cebollita peruana con animosidad" le hizo ver que la vida tiene instantes maravillosos,
sólo hay que saber verlos para darse cuenta de que vale bien la pena la felicidad de los instantes.
Entre mi mundo y los abismos de todos los mundos posibles, los cuentos son pequeñas miscelaneas del abanico de opciones que presenta lo cotidiano. Un día me desperté y descubrí que quería contar contar lo que veo, y también inventar otros mundos...
domingo, 24 de abril de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Dulce de ciruelas
El aroma en el aire, las ciruelas que parecen haberse deshecho en el rojo sangre. Y flotando, cual extraviados, andan por la olla los hilos de cáscara.
viernes, 18 de febrero de 2011
Presentación del libro:"El adjetivo asesino"
Estimados,
finalmente se hace la presentación del libro...
De mi autoría hay sólo dos cuentos, es un libro de todos los alumnos del taller.
Todavía no decido si quiero vender los libros, pensaba más bien regalarlos...
No esperen sea la gran estrella de la noche, porque no es mi onda, y no me invitaron a subir al podio,
pero en mi timidez estaré en algún rinconcito con cara de susto.
Espero que puedan acercarse un ratito a compartir.
un abrazo.
Nati
lunes, 14 de febrero de 2011
Minas de Potosí
Natalia Millán
De Potosí me llevo las rodillas llenas de moretones.gatear en la Mina La Candelaria deja sus huellas.
Me queda haciendo ruido lo que debe ser trabajar ahí doce horas diarias.
los mineros en su mayoría trabajan en cooperativas, de modo que si encuentran una veta de mineal se hacen ricos, lástima que rara vez suceda.
Lo lamentable es saber que las condiciones de trabajo son las mismas que la de los indios y esclavos durante la colonia, y que tarde o temprano los pulmones de los mineros colapsan y mueren alrededor de los 45 años de edad.
En las minas hay una figura conocida como "el Tío", que parece un diablo y tiene un pene grande.
Cuentan los mineros que en realidad los españoles habían puesto una figura en las minas para atemorizar a los indígenas, a la que llamaban "dios", pero como el quechua no tiene en su alfabeto la letra "d" les salía pronunciarlo con "t".
Según dicen, si un minero se queda un día a dormir dentro de la mina lo agarrá el tío y lo viola...
Esas condiciones de trabajo, expectativas de vida y esperanzas de cambio, más bien la falta de ellas, me han dejado atónita y pensando...
Los cascos que te dan para entrar a la mina dicen "33 chilenos" y del otro lado "22 mil bolivianos", como modo de queja, ya que los 22 mineros que trabajan en Bolivia están aún en peores condiciones que los de Chile, sólo que sin cámaras y Disney nadie sabe qué pasa con ellos.
La humanidad quebrantada
Natalia Millán
El crujir de la tierra lo silenció todo, cayó el mundo a los pies de la mina de San José.
La luz fue sólo un recuerdo en sus ojos, que no volvieron a ver.
Las manos ásperas comenzaron a sudarle y en la garganta se formó un nudo.
Entonces corrió, las piedras rodaban acompañando su paso,
mostrando su enojo por los minerales extraídos.
Las lágrimas quedarían para después, para cuando llegara la quietud.
Sólo pudo pensar en su hija, y la idea de no volver a verla hizo que apurara aun más el paso.
El desierto cálido afuera, adentro, el alma en un hilo a punto de cortarse.
Entonces fue que escuchó voces lejanas.
Se detuvo la humanidad frente al horror, y los vimos todos por TV.
Expectantes, los televidentes lloran desde el otro lado de la pantalla.
Se mezcla la alegría, la tristeza y la bronca.
Desde anoche la tierra escupe hombres, hombres que son barro y mineral,
hombres que desde Atacama dan cuenta del lo miserable que el ser humano se ha vuelto.
No alcanza el aire para volver a respirar, no alcanza la vida para olvidar.
Mendoza llora la salida de los treinta y tres mineros con una lluvia torrencial,
el cielo está gritando con furia.
Los mineros agradecen estar vivos.
Sin embargo la herida sigue sangrando,
la tierra partida en dos no puede olvidar el daño que le han hecho.
EL CAOS
Natalia Millán
Antes de que nos reinaras vos, reinaba mi anárquico yo.
No sabemos aún la fecha precisa en que te adueñaste de nuestro país,
le impusiste tus normas, nos creaste un himno y hasta nos diste decálogo de vida.
Los historiadores internos hacen jornadas, congresos y seminarios.
Debaten fechas de inicio, origen y anuncian finales posibles.
Mientras, el orden parece reinar.
Apariencias vanas, que el orden nunca ha sido posible.
No se equivoquen señores, que puertas adentro hay batallas,
sables que atraviesan cuerpos, sangre que se derrama,
duelos diarios de aceptación y negación.
El país se convulsiona ante tu invasión y se deshace en guerras civiles.
Hay días en que el amor gana batallas,
otros en que, defenestrado, es exiliado y olvidado.
Mientras, la vida va yendo entre las cuadras de tu casa y la mía,
de tu país al mío y viceversa.
Reina el caos,
¿pero qué es acaso la vida?
Entonces con asombro miro a mis ciudadanos y les respondo:
La vida, estimados ciudadanos de mi super yo, es sólo eso,
la permanente construcción de lo que somos y queremos ser.
sábado, 12 de febrero de 2011
La vida y lo irremediable
Natalia Millán
A los ocho años el concepto que se tiene de lo irremediable puede ser bastante vago. Excepto que la muerte te deje ver un costado tan doloroso que nada vuelva a ser lo mismo, para siempre. Hace veintidós años pasó justamente eso, entendí porqué se dice que lo único irremediable es la muerte, porque sigue sin despertarse.
Si con mis treinta años narrara esta historia, que es parte de la historia de mi vida, sería injusta, casi una hereje. Quiero dejar que la cuente ella, la de ocho años. Que mordía nenes en el supermercado simplemente porque sí, la misma que se quedaba horas sentada frente a su taza de leche sin querer tomarla, para que entendieran que la leche no le gustaba. Aquella que hacía piquetes dejando sin atar sus cordones y prohibiendo que fueran atados por otros que no fuera su mamá.
Estamos en el mes de abril, tengo ocho años y aborrezco a la gente que se burla de mí, sobre todo el tío Pedro, el tío Miguel y el Abel, entre otros. ¿Qué se creen? Que porque una es chica no le molesta que se rían de una como si fuera un payasito. Hace un tiempo simplemente les dejé de hablar. Nadie entiende porque no los saludo, ni los miro, ni dejo que se acerquen. No me interesa qué puedan pensar los grandes. No hay derecho a que se rían de mí. Ignorarlos es mi pequeña venganza.
Hoy es domingo creo. La casa está llena de gente que no conozco cuando me levanto. No entiendo de dónde salieron todas esas personas, ni porque tuve este sueño tan triste. Quiero encontrar a mi mamá para contárselo, pero hay tanta gente que no la ubico. Todos me tocan la cabeza y hacen muecas o lloran. ¿Dónde está mi mamá? Yo soñé con la abuela, que se murió hace un mes. Pero la abuela no estaba sola, estaba con el Maxi, que es mi hermano de un año y medio de edad. Me acuerdo el día que mis papás nos sentaron en las camas de la pieza del fondo y nos dijeron que el Maxi iba a nacer.
Ayer sábado nos levantaron temprano. Pero como siempre que la familia sale por ahí de paseo, pasó un buen rato hasta que preparamos todo y salimos para Alvear. Íbamos al campo del tío Pedro. A mí no me hacía ni pio de gracia, ir a su campo no era una idea que me alucinara.
Es otoño, el Maxi corre por el parque mientras esperamos para irnos, agarra las flores amarillas que crecen, esas que luego se trasforman en pequeños helicópteros que al soplo vuelan por todos lados. Y volaban mientras él corría.
Del viaje no recuerdo nada, sólo que cuando llegamos al campo la gorra roja del Maxi quedó sobre el tablero de la camioneta. Es una imagen que va a quedárseme gravada.
El campo me pareció desolador, sin verde, tan seco. Estaban todas las hermanas de mi mamá y mis tíos, y los primos también. La mesa era larga a la hora del almuerzo.
Con las chicas queríamos armar la carpa, porque íbamos a dormir afuera. Pero no nos dejaron, esa era actividad para la tarde. Sólo dimos un paseo por los alrededores. Fuimos a ver los animales y un piletón que tenía una cerca. Miramos sin mucha gana y nos fuimos. A esa hora ya teníamos hambre. No cerramos bien la cerca al salir.
Cuando comíamos papá preguntó por el Maxi, porque hacía rato no lo veía por ahí. Había andado jugando con unos tarritos y una canilla. Entre tanta gente el pequeño se había escabullido. Primero, tímidamente, empezaron a ver si faltaba alguien más, que pudiera estar con él. En cuestión de segundos estaban todos preocupados, nerviosos. De a poco, casi como queriendo esconder sus miedos más terribles, se fueron parando de la mesa y se pusieron a buscarlo. Mamá gritaba su nombre.
Yo me quedé paradita, sin saber qué hacer o decir. No lo encontraban. Los buscaban en los corrales, dentro de la pequeña casa que había en el campo. En los alrededores. Al piletón creo que demoraron en ir. Un presentimiento que nadie quería asumir.
Fue Pablo, mi primo, quien se fue derechito hacia allá. Ahí todo se volvió gritos, sordos o agudos, gritaban todos. Pablo sacó a Maxi del agua. Esa imagen no va a irse nunca.
Pasaron las horas. No sé cuántas. De repente estábamos volviendo a Tunuyán en un auto que no era nuestro. Al Maxi alguien lo llevaba en brazos, quietito. Yo creía que dormía, que iba a despertarse.
Hoy es domingo. El Maxi no se ha despertado. Mi mamá dice que a veces suena una flauta cerca de la casa, lo dice y llora. Mi papá no habla, es como si se hubiera quedado mudo.
Nosotras tres nos movemos como si fuéramos ratoncitos silenciosos, que quieren pasar desapercibidos. Entonces pienso en lo que significa para mí lo irremediable. Lo irremediable es la muerte, todo lo demás puede cambiar.
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